Que la actual situación de crisis, recesión o desaceleración económica ha empujado a decenas de familia a subsistir gracias a la caridad de las oenegés es un hecho tan cierto y real como que esas organizaciones se están viendo desbordadas y sus escasos recursos apenas son suficientes para cubrir las necesidades básicas de los que menos, o ninguno, recursos tienen.
Un buen ejemplo de lo mal que está la vida lo personifican los usuarios de la oenegé de ayuda al inmigrante Desarrollo y Solidaridad (Desod), cuya sede del número 3 de la calle Palacio Valdés, en Vadillos, se ha convertido en la tabla de salvación para muchos de ellos. El problema, según reconoce su director, Antonio de Diego, es que se han visto «desbordados ante la avalancha de solicitudes de ayudas tan elementales como las de alimentos básicos que hemos recibido en las últimas semanas». Tanto es así que el volumen de personas se ha duplicado en unos días y de la oenegé dependen ahora en buena medida para subsistir más un centenar de personas frente a las sesenta de media mensual que atendían habitualmente hasta la fecha sus técnicos.
Más de veinticinco familias, en su mayoría de cuatro o más miembros, recibieron los últimos alimentos almacenados en la pequeña estancia habilitada a tal fin en las instalaciones de Desod la semana pasada. «Es la última partida que hemos podido darles -las entregas son mensuales- porque nuestras existencias están prácticamente limitadas y apenas podemos llegar hasta que el Banco de Alimentos nos traiga la próxima partida para el mes que viene», añade el responsable de la oenegé.
La crisis agudiza el ingenio y el director de la organización ya se ha puesto manos a la obra para buscar la ayuda de particulares que cubran las lagunas dejadas por las instituciones públicas -muchos de los alimentos que reciben a través del Banco de Alimentos proceden de remanentes de la Unión Europea-. «Tenemos familias enteras con muchos miembros que están en el paro y tienen comer y pagar un alquiler cada mes y en estas condiciones ni siquiera podemos ayudarles con lo más básico», reconoce Antonio de Diego. De ahí que se haya lanzado en una desesperada campaña de captación de benefactores -el número de teléfono de la oenegé es el 983 37 88 10 para aquellos interesados- en busca de particulares, desde empresas hasta agricultores, incluso, para poder recabar alimentos de primera necesidad de forma altruista o, al menos, «a un precio razonable inferior al de mercado porque tenemos el dinero que tenemos y no podemos pagar mucho», justifica el director de Desod.
Tienda para mayoristas
Los trabajadores de la oenegé acudirán, de momento, a un centro comercial de mayoristas «a comprar cosas como leche, arroz o pasta para ir tirando y poder entregar productos básicos». Su responsable aclara que ya ha mantenido conversaciones con algunos agricultores de la comarca de Peñafiel para poder comprar directamente patatas y otros productos no perecederos a corto plazo.
Parte del problema radica en las previsiones anuales que a principios de año o finales del anterior entregan al Banco de Alimentos para que éste les reparta unas cantidades acordes a sus necesidades. «Esta vez nos hemos visto desbordados por la afluencia de personas y desde la semana pasada estamos casi al límite», reitera el director de la oenegé, quien añade que «lo poco que nos queda son muchos paquetes de azúcar que no nos solucionan nada y con productos como esos no podemos decirle a nadie que coma toda su familia».
Algunos botes de leche en polvo y otros pocos tetra-brik de natillas o arroz con leche próximos a caducar son las existencias que actualmente descansan, junto a los paquetes de azúcar, en el estrecho almacén de la Desod. La oenegé ha repartido sólo entre el 17 de octubre y el pasado 14 de noviembre la friolera de 3.192 kilos de comida, es decir, más de tres toneladas de bollería, galletas, pasta, leche, natillas, queso en porciones y los citados postres lácteos. «Lo que necesitamos por encima de muchas de las cosas que nos llegan son productos no perecederos para poder dárselos de inmediato a las familias que lo necesitan», insiste Antonio de Diego, quien matiza que «nosotros dependemos del Banco de Alimentos y de las donaciones directas que quieran entregarnos de forma altruista».
El reloj corre y para muchas familias resultará vital que la oenegé alcance cuanto antes algún tipo de acuerdo con «distribuidoras, agricultores o empresas que, al menos, nos puedan vender los productos a un precio razonable».